TEMPORADA 4 – Episodio 2: MARIELLA RIVERA, peruana psicoterapeuta y trabajadora social graduada en estados unidos ayuda a inmigrantes a superar traumas

Sinopsis

Mariella Rivera, peruana, radica en Minnesota, psicoterapeuta, es además una trabajadora social clínico, brinda servicios directos, incluidas intervenciones centradas en interacciones interpersonales, dinámicas intrapsíquicas y cuestiones de gestión de la vida.


Los servicios de trabajo social clínico se basan en perspectivas biopsicosociales. Los servicios consisten en evaluación, diagnóstico, tratamiento (incluyendo psicoterapia y asesoramiento), defensa centrada en el cliente, consulta, evaluación y prevención de enfermedades mentales, trastornos emocionales o de conducta.


Mariella dice, llegue a Miami, mi mamá y yo, nos mudamos de Lima, en el año 1994, en ese entonces tenía 15 años de edad. Mi madre tomó la determinación de iniciar una nueva vida, para ella y para mí, en Estados Unidos. Ella tenía un hermano, mi tío Gustavo, que vivía hace años en Miami, y fue quien nos acogió, nos brindó su casa, nos dio apoyo, nos orientó de cómo funcionan las cosas, 


Muchas veces, la convivencia no es fácil, las personas que venimos, nuevas, a este país, tenemos diferentes maneras de ver la vida, diferentes ritmos, velocidad, costumbres. Hay veces un poquito de choque con la persona que te recibe, aunque lo haga con las mayores ganas y el mayor deseo de poder darte una mano, a veces puede surgir esa fricción. Pero luego que pasa, porque es momentáneo. Los que viven acá ya están acostumbrados al ritmo, los horarios, las responsabilidades, por ello no se les debe ver como que te rechazan.


Yo tenía 15 años de edad, imagínate, lo más importante para mí en ese momento eran mis amistades, que deje en Perú, por eso lo más impactante para mí fue ese alejamiento. También me impacto, nosotros vivíamos en un área muy bonita, de Lima, eran tiempos difíciles los que se vivían en aquel momento, el terrorismo, la inflación, crímenes, inseguridad, pero dentro de todo eso diría que teníamos una vida bastante privilegiada.


Lo que me impactó es, fíjate, venir del barrio de San Borja, de clase alta, y llegue a vivir con mi mamá un área de Miami que se llama la Pequeña Habana, hoy es un área un poco más turística, pero en aquel momento era un área donde la mayoría de inmigrantes recientes llegaban allí, entonces todo el mundo hablaba español, los edificios, me sorprendió, no eran bonitos, no era tan limpios, eso para mi mente de 15 años, fue como un shock. A esa edad llegue en la mitad del año escolar, llegue al High School, Miami City High, que es el más antiguo del lugar, situado en un área complicada de Miami,           


En aquel momento, muchos inmigrantes jóvenes, llegaban casi todos los días, de Cuba, de Nicaragua, más todo Centroamérica. Por lo que era normal, lo de recién haber llegado, o no hablar inglés, entonces encontré una comunidad de amistades, de otra gente que estaba igual que yo, eso me ayudó al principio.


Todos hablaban español, los profesores eran latinos, cuando llegue aquí, el idioma fue algo que tuve que aprender, fue un poco difícil, al principio, yo siempre quise estudiar Psicología. Bueno me gradué de High School, en ese entonces, como no dominaba muy bien el idioma, y el ingreso a las universidades era un poco complicado, la única salida para mí era acudir al Comunity College de Miami, según mi consejero.


Empecé mis estudios allí, luego me transferí a la Universidad Internacional de Miami, donde logre el bachiller en Psicología, si se quiere estudiar en la universidad, se debe buscar el apoyo en las escuelas, porque los consejeros están allí para apoyar a todos los estudiantes.


Cuando uno tiene la desventaja del idioma, No se debe dejar de buscar información, así se tope uno con algunos tropiezos. Para poder practicar como profesional de Psicología, se requiere de un doctorado.Mi esposo y yo nos conocimos en Miami, pero nos mudamos a Minnesota, porque estudiando una Maestría, podía obtener la licencia para trabajar como Psicóloga.


Creo que hay que pensar en la salud mental como una dimensión de nuestra vida, así como otras dimensiones como la parte física, tenemos que alimentarnos. Pero existe mucho estigma sobre todo en algunas comunidades inmigrantes, de buscar ayuda, información, acerca de la salud mental, o de algunos desordenes de índole emocional, psicológico, psiquiátrico. Es común que se diga que si tienes algo, es algo terrible, o vergonzoso.


Es un reflejo de la educación, que muchos padres han recibido, y hay veces que uno al no tener información, o no haber cuestionado dentro del proceso de aprendizaje, muchas veces repetimos como papagayos.


Pienso que para enfrentar hoy en día retos que estamos viviendo como humanidad, como pueblos, como países, necesitamos hacernos cargo y tomar conciencia de esta dimensión que es nuestra salud mental, y también nuestra salud emocional, el deseo de estar bien y de que otros estén bien.


 Todo eso es parte de la salud mental. No es lo que se piensa que cuando uno tiene una debilidad, una flaqueza, tienen que seguir terapia. No todo es patología. La salud mental empieza con una conversación, los padres deben hacerlo con sus hijos.


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