TEMP 4 – EP 8: BEATRIZ MARTINEZ, colombiana organiza ferias expo de mujeres emprendedoras latinas, también trabaja incidiendo sobre la importancia de donación de órganos

Sinopsis

Llegó a los Estados Unidos, apenas a los 20 años de edad, de familia acomodada de Colombia. Como todo inmigrante trabajó haciendo limpieza, cuidando niños, y como traductora con psicólogos de violencia familiar, llegando a comprender las necesidades de integración a la comunidad de las mujeres latinas.


Fundo un grupo llamado Mujeres Latinas EXPO, que realiza dos ferias al año, donde las mujeres tienen oportunidad de reunirse, mostrar y vender lo que producen, asimismo recibir orientación y ayuda para crecer en sus negocios. Las que no incursionaron aun en el emprendimiento, reciben toda la ayuda para poder iniciar sus iniciativas.


Beatriz Martinez, también trabaja con una organización que se llama LifeSource, conectada con el registro de donación de órganos, dice “coordinamos toda la parte de la donación, mi trabajo es hablar con la gente sobre la importancia de la donación, hablar y educar, porque los latinos no estamos muy convencidos de la donación de órganos”.


La colombiana, narra su historia, “soy Beatriz Martinez, y llego a los Estados Unidos, directo a Minnesota, de Colombia – Bogota, llego en el año  1997, el 17 de enero, el frío era increíble, en ese momento no tenía chaquetas de invierno, zapatos de invierno, tenía zapatos de tacón”.


“Llegue a empezar a aguantar frío, la primera vivencia fue congelarme, la nariz, las manos, todo. Fue una experiencia increíble, tenía 20 años de edad, todavía no había cumplido mis 21”.


“Venía a estudiar Inglés, y posiblemente devolverme a Colombia, no tenía intenciones de quedarme. Yo ya había empezado universidad en Colombia, Comunicación Social, pero me di cuenta que en Colombia no había muchas oportunidades si no sabías Ingles, vi la oportunidad y me vine para acá a aprender el idioma”.


Agrega, “la idea era volverme para Colombia, pero nunca paso eso, extendí mis permisos, hasta que me case y tuve hijos, el resto es la historia de muchos, que venimos aquí y se convierte en nuestro segundo hogar”.


“Vengo de un hogar muy unido, en ese momento yo vivía con mi papá, él y mi mamá son divorciados, desde que yo tenía 6 años de edad. Mis hermanos y yo estábamos viviendo con mi papá. Cada vez que nos mudábamos, mi mamá hacía lo mismo para estar cerca de nosotros, y siempre la relación fue muy cercana”.


“En la familia, por parte de mi mamá o mi papá, nadie había salido fuera del país, fui la primera que empacó maletas para buscarse un futuro. Vengo de Bogotá, la familia de mi mamá es de Manizales, una ciudad un poco más pequeña y es un lugar que amo y adoro, o sea, ahora, cuando viajo a Colombia, llegó a Bogotà, sólo por unos días, luego viajo a Manizales. Somos paisas, como dicen los colombianos”.


“Para mis padres fue muy difícil saber que me iba. En esos días no habían celulares ni Internet, por lo que me comunicaba con ellos cada 8 días, por 5 minutos, tenía que comprar tarjetas de llamada. La familia de mi papá tenía dinero, mis abuelos eran personas adineradas, y siempre daban a la comunidad”.


“Recuerdo que para navidad hacían una fiesta grande en la finca de mis abuelos, se invitaba a los niños bebes, hasta los 16 años de edad, y se les entregaban regalos. Yo y mis primos, todos ellos niños, nos encargábamos de envolver los regalos, y los entregábamos a los niños que venían. Todos ellos de familias que no tenían mucho. Esos recuerdos me marcaron mucho. Creo que mucho del trabajo comunitario que hago actualmente viene de allí, de ese espíritu de ayuda”.


“Mi abuela tuvo 11 hijos, o sea que éramos una familia muy grande, yo veía, cuando viajábamos a la finca, que mi abuelo era una persona súper amable, súper querido, y él se iba a las tienditas más pequeñitas, de pueblo, y se sentaba con los trabajadores a tomar cerveza, lo mismo mi papá, mi hermano. Era una conexión con la gente”. 


“Mi papá trabajaba en la empresa familiar, pero crecimos con el convencimiento de que todos somos iguales, tenemos los mismos derechos. Yo trabajo en el área de salud y la experiencia de vida me ayuda a tratar a todas las personas igual, porque todos somos seres humanos, nos merecemos y necesitamos los mismos derechos. Me enfoco en darle las mismas oportunidades a toda la gente, sin importar la raza, lugar de donde vengan, la religión”.


“El primer trabajo que tuve fue limpiando un edificio u era en las noches. Un edificio de oficinas, y lo que me afectó fue la soledad. Yo lloraba, de tristeza porque añoraba a mi familia, pero el hecho de estar trabajando lo veía como un paso para salir adelante”. Tomaba clases de inglés durante el día”.


“Yo era la segunda menor, o sea, tengo 2 hermanos mayores y tengo una hermana que es 11 años menor, es decir era la chiquita consentida. Después de 2 años volví a Colombia, y cuando comunique a mi familia que iba a retornar a los Estados Unidos, fue muy duro, pero siempre tuve el apoyo de mi familia.Yo quería luchar por un futuro mío”.


“Había momentos en que yo quería rendirme y volver a Colombia, sucedió a los 6 meses de estar aquí, pero me di cuenta que mi nivel de idioma Inglés no era bueno, y me dije si me devuelvo es como si no hubiera hecho nada. Así se fue alargando el tiempo. En se ínterin fui conociendo gente maravillosa, fue cuando tome la decisión de quedarme. Estudiaba inglés de día, acompañado de un trabajo de niñera. Por la noche trabajaba en limpieza”.


“Cuando domine un poco más el idioma encontré un trabajo en una guardería, luego como intérprete en la clina del West Side. Trabajando en la clínica, me di cuenta que los latinos necesitábamos más que alguien que nos tradujera la información, teníamos tantos problemas y precisábamos de alguien que nos entendiera”.


“Entonces empecé a trabajar como comunnyti ourich en una organización que trabajaba con guarderías, personas que tenían guarderías en su propio hogar, les daba clases de primeros auxilios, como mejorar el negocio, entonces fue cuando empecé a realizar más trabajo comunitario”.


“Trabajaba con los doctores, en las citas médicas directas, y en un momento empecé a trabajar con la psicóloga. En un caso especial de violencia doméstica, tuve que traducir todo lo que le había pasado, desde su país, hasta cruzar con su esposo y 3 hijos y llegar a este país y escuchar como el varón la estaba maltratando. Ella se sentía como presa en su propio hogar”.


“Yo sólo traducía, y me sentía impotente de no poder decirle a la víctima de que podía acudir a otros lugares donde podían ayudarle. Fue entonces que sentí la necesidad de que tenía algo más que hacer, estaba metida en la comunidad, y sentí que necesitaba sentarme con las víctimas y aconsejar y ayudar. Sentí que eso hacía falta”.


“Sigo en el trabajo comunitario, hace 8 años, al ver tantas necesidades de la comunidad latina, decidí realizar reuniones con puras mujeres latinas, y de allí nació Mujeres Latinas EXPO. Somos un grupo de voluntarias, que nos reunimos para incentivar a las mujeres a ser emprendedoras y poder crear sus propios negocios. Les ayudamos en todo proceso”.


“Muchas acuden con temor, pero logran salir delante, como una argentina que se convirtió en empresaria vendiendo dulces, otra venezolana que empezó con un carrito para vender comida y ahora cuenta con un restaurante. Mi sueño es seguir haciendo lo que hago”

          

    

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